Santa Cruz de la Sierra

Retorno a la normalidad

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Estamos en el auto de mi esposa Emmita, de ida al colegio Adolfo Kolping. Nuestro hijito Sebastián está sentado en su silla de seguridad. Nos dice: “Tengo muchas ganas de volver al colegio. Extrañé mucho a mis compañeritos. También extrañé a las cotorritas en las ramas de los árboles frente al colegio. Menos mal que se acabó el paro”. Emmita le pregunta no sin desconfianza: “¿Estás hablando en serio, mi vida? ¿Estás contento de verdad?”. Sebastián dice: “Ay, mamá, ¿no me creés? Claro que estoy contento. Quiero volver al colegio y en la tarde quiero ir al zoológico y también al museo de historia natural”. Mi hijito toca mi hombro y pregunta: “Papá, ¿ya te sentís normal? Yo ya me siento normal. Durante el paro no me sentí normal. Fue un paro extraño, ¿no es cierto?”. Le digo: “Yo me siento normal también, por primera vez en más de tres semanas. Tenés razón, hijo. Fue un paro extraño. Hubo muchas cosas que me gustaron, sobre todo la calidad del aire. Vivir sin autos es una belleza. Pero ahora estoy contento, sobre todo porque ya no se siente la terrible tensión e incertidumbre”. Llegamos al colegio. Sebastián corre hacia su curso. Y Emmita y yo nos ponemos a charlar con María Helena, la psicopedagoga del Kolping. “Sebastián ha crecido en las últimas tres semanas. Está enorme. ¿Qué comió durante el paro?”, quiere saber María Helena. Emmita le dice: “No sé. Allart estuvo más con él. Yo trabajé en mi atelier mientras que ellos la pasaron en el bloqueo de la Madre India. Tal vez allí comieron mucho, es decir, más de lo normal”. La psicopedagoga indaga: “¿No será que Sebastián comió mucho por la tensión? Noté también que usted ha crecido, don Allart. Por lo menos, su barriga está más grande”. Confieso no sin sonrojo: “Sí, lo sé. Mi barriga está enorme. Es verdad, comimos bien y mucho durante el paro. La gente se mostró increíblemente generosa, en todos los bloqueos, no sólo en el nuestro. Vi muchos bloqueos en las últimas tres semanas”. Nos despedimos de María Helena. Propongo a Emmita: “Vamos a dar una vuelta en tu auto. Quiero ver cómo la gente ha dejado sus bloqueos. Quiero ver si los manifestantes se han portado bien hasta el final”. Pasamos por el cruce de la Madre India donde se han quedado tres toldos y una gran cantidad de escombros. Mi esposa exclama: “¡Qué barbaridad! Tu bloqueo es una vergüenza”. Digo con cobardía: “Sebastián y yo estábamos en el turno de la tarde. El turno de la noche no hizo su trabajo”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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