Santa Cruz de la Sierra

El sueño del bandolero (100)

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Abro la puerta de la unidad de terapia intensiva y descubro que la sala está vacía. No hay nadie.

—Es el colmo —suspiro—. Entonces, nos engañaron todo ese tiempo. No hubo ningún paciente.

—No, papá, te equivocás. El paciente con las terribles quemaduras en todo el cuerpo estaba aquí. Yo lo vi tres veces —dice mi hijito Sebastián—. Se escapó. Mirá, la ventana está abierta.

Sebastián tiene razón: la ventana está abierta. Y desde ahí nos está llegando un viento polar. Mi hijito camina hacia la repisa, ignorando el frío. Mira un rato hacia abajo y al final cierra la ventana.

—Ya entiendo lo que pasó, papá —comenta—. Utilizó sus propias vendas para bajar. Buen truco.

Al día siguiente me encuentro en la sede de “La Estrella del Oriente” cuando recibo una llamada.

—Ay, Allart, no sabés cuánto me alegra escuchar tu voz. Toda la noche estaba preocupadísimo por vos —me dice mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo—. Decime, ¿qué hacés y dónde estás?

—Estoy en el periódico —explico—. Decidí escribir el final de la larga novela por entregas aquí.

   —¿Estás bien? —indaga el cineasta—. Es decir, ¿tenés inspiración después de todo lo que pasó?

—Sé perfectamente lo que tengo que escribir —digo—. Todo está escrito clarito en mi cuaderno.

—No entiendo —reconoce Tony—. ¿De repente podés tocar y leer tu cuaderno sin sentirte mal?

—Sí, no hay ningún problema —digo—. ¿Y vos, Tony? ¿Qué estás haciendo? ¿Seguís rodando?

—Claro, no me dejo intimidar —contesta—. Estamos filmando en el salón velatorio, en el sexto anillo de la avenida Santos Dumont. La última escena será en el cementerio El Pajonal. ¿Sabés? Aquí estamos presenciando una cosa muy rara. Se está realizando un velorio con un cajón vacío.

Decido preguntar a Tony por qué me dijo que no se deja intimidar. Y él me cuenta que la Policía acaba de interrogarlo ahí en el salón velatorio. Resulta ser que el cineasta y Dámaso Vaca, tras nuestra última sesión de lectura en la clínica, se fueron al nuevo hangar del aeropuerto siguiendo una intuición del urubicheño. Ahora bien. La Policía quería saber tres cosas. Primero, ¿acaso fue una mera casualidad la presencia de mis dos amigos en el evento político, justo cuando se produjo un ataque armado? Segundo, ¿cómo se explica que el atentado fue una copia exacta de un crimen descrito en recientes columnas de “La Estrella del Oriente”? Y tercero, ¿dónde se encuentra el autor de esas columnas, don Allart Hoekzema Nieboer? Continuará.

 

Visto 214 veces Modificado por última vez en Miércoles, 12 Junio 2019 15:21

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